CUANDO DEJAS LA VIDA RELIGIOSA, ENTONCES ¿QUÉ?

CUANDO DEJAS LA VIDA RELIGIOSA, ENTONCES ¿QUÉ?
ACOMPAÑANDO A LAS PERSONAS EN PROCESO DE ABANDONO DE LA FORMACIÓN RELIGIOSA

Hna. Chinyeaka C. Ezeani, Misionera Hermana del Santo Rosario, sirvió como formadora en Nigeria por un tiempo y fue elegida Superiora General de la Congregación. Chinyeaka vive actualmente en Dublín.

Boletines UISG

Introducción
En el mundo, la gente ha continuado buscando la admisión en seminarios y casas de formación religiosa. Normalmente, es la respuesta a lo que la persona ha percibido como una llamada a abrazar el sacerdocio o la vida religiosa. El entusiasmo y la proclamación de los ideales que conllevan la vocación religiosa son frecuentemente los elementos que hacen desear este modo de vida. En los últimos años, en algunos lugares del mundo, el número de solicitudes para la vida religiosa ha disminuido considerablemente. Como resultado, se han lanzado grandes inversiones e intentos creativos diversos con el objetivo de atraer y enrolar candidatos potenciales. Parece que se ha escrito mucho sobre el trabajo de fomentar y enrolar vocaciones; pero, me atrevo a decir, no parece haberse escrito suficiente sobre el acompañamiento y la preparación de las personas para abandonar el proceso de formación. En otras palabras, es necesario más diálogo y reflexión sobre cómo acompañar a las personas, humana y creativamente que, después de un tiempo de formación, llegan a un punto en que empiezan a salir a la superficie algunos indicadores que revelan la necesidad de buscar otros caminos en el itinerario cristiano, distintos al de la vida religiosa o el sacerdocio.
Normalmente, al finalizar el programa de formación, se planifican bonitas liturgias y celebraciones sociales para ritualizar y disfrutar el día de la profesión de los votos o la ordenación sacerdotal. La comunidad, familia o candidatos, amigos y los que le desean lo mejor se reúnen para un acontecimiento feliz. Sin embargo, igualmente algunas veces sucede esto en el transcurso del programa de formación cuando algunos candidatos libremente deciden dejarlo. En otros tiempos, estas decisiones venían de la congregación a través de los formadores que están directamente implicados en el acompañamiento personal. La escena del Evangelio que me viene a la mente es la del joven que voluntariamente quiere seguir a Jesús donde quiera que vaya. Jesús, sin embargo, prudentemente rechaza su oferta: ‘Los zorros tienen sus cuevas y las aves del cielo sus nidos, pero el Hijo del hombre no tiene dónde reclinar la cabeza’ (Lc 9, 57-58). Hay semejanza, sin duda, ya que hay una lucha por parte de los ‘invitados’ o ‘llamados’, como se ve en el joven a quien Jesús pide seguirlo: ‘Permíteme que vaya primero a enterrar a mi padre.’ ‘Te seguiré, Señor, pero permíteme antes despedirme de los míos’ (Lc 9, 59; 61). Una persona que percibe una llamada a la vida religiosa o al sacerdocio y está abierta a explorarlo, tendría que descubrir o se la debería ayudar, a lo largo del camino, a ver que esta no es necesariamente su vocación. A menudo esto puede ser muy difícil y emocionalmente costoso por ambas partes.
Aunque esta es la situación real, no obstante, es interesante que no haya muchos textos disponibles sobre este aspecto crucial de la formación religiosa. Considerando la importancia del ‘tema pastoral’, no se sabe con claridad cuánta atención los rectores de seminario, los obispos, los líderes de congregaciones religiosas y los formadores han dispensado a este tema de cómo las personas que dejan el seminario o casas de formación pueden estar adecuadamente preparadas y acompañadas para salir, vivir felizmente y continuar practicando su fe. Podría decirse que el número de candidatos que abandona un programa de formación parece generalmente más pequeño en comparación con el número que permanece. Incluso, si el número parece menor, necesita estar bien preparado y acompañado de alguna forma en el proceso, a menudo desalentador, de readaptación al ‘mundo’ que había dejado de lado para entrar en el seminario o convento. Como nadie es una entidad aislada, cada itinerario único de vida tiene efecto en la vida de mucha otra gente –familia, amigos, la Iglesia y la totalidad de la sociedad. El seminario o convento del cual han formado parte no está excluido de esta red de interconexiones.

El centro de este artículo
Este artículo primero señala la necesidad de atención constante al Espíritu en el acompañamiento de la formación y en el proceso de discernimiento. También explora posibles razones para persuadir a los candidatos a dejar el programa de formación y continuar su itinerario cristiano en otro lugar. Esto puede extenderse desde los candidatos en las etapas iniciales de formación a quienes ya han profesado pero todavía tienen los votos temporales. Es necesario enfatizar, sin embargo, por la complejidad de las personas y situaciones, que nunca pueden incluir todas las razones. Para ayudar a los directores de formación, pondremos la atención en lo que espera una persona cuando abandona su programa. La conciencia de lo que ellos esperan puede ser una buena táctica preventiva para ayudarlos a afrontarlo mejor. Finalmente, se propondrán algunas estrategias sobre cómo acompañar con sensibilidad a los que están en proceso de abandono. Son simplemente indicadores y sugerencias. Los directores de formación descubrirán cuál seguir en cada situación y caso particular, puesto que cada persona es única y no idéntica a otra.

Read more

Este artículo fue publicado en Religious Life Review, Volumen 55, Número 300, Septiembre/Octubre 2016.

Original en inglés

2 thoughts on “CUANDO DEJAS LA VIDA RELIGIOSA, ENTONCES ¿QUÉ?

  1.   jassira says:

    Me parece bueno que haya ALGUIEN que por fin piense en las PERSONAS que dejaron la vida religiosa, y en mi experiencia puedo decir que NO se ha escrito suficiente sobre el acompañamiento y la preparación de los abandonantes porque xq lamentablemente no se hace nada, es triste ver a alguien que ha dado su vida por Dios en una comunidad específica y una vez que la persona decide salir, pasa a ser una completa desconocida para la comunidad. Por otro lado quisiera que tuvieran en cuenta algo muy importante que he podido ver en varias personas muy cercanas a mí, y es que la razón por la que salen NO SIEMPRE es xq no hayan tenido vocación, sino xq quizás esa espiritualidad en la que estaban, no era precisamente a la que estaban llamadas, y así he sido testigo de cómo las vocaciones se echan a perder!… xq una vez fuera de la comunidad, el alma se descubre sola, entra la experiencia de fracaso y abandono, y aunque algunas logren superarlo, MUCHAS otras se han perdido y se siguen perdiendo. Mi recomendación es que la Iglesia debe preocuparse por hacer ENTENDER a las comunidades religiosas que en el discernimiento vocacional la intensión no es que esa persona forme parte de esa comunidad, sino que de verdad descubra su vocación, así sea en otra comunidad, Y AYUDARLA incondicionalmente hasta verificar que se encuentre bien encaminada y acompañada por alguien más. Cuidado con esas comunidades que solo piensan en crecer en números!!. AYUDEN A QUE LAS VOCACIONES NO SE PIERDAN, pensando en la Iglesia y no solo en la comunidad.

    •   Ufficio Comunicazioni says:

      Muchas gracias Jassira por su testimonio. Me parece una preocupación muy importante acompañar las religiosas que dejan su comunidad, para que encuentren lo que necesitan para seguir adelante y estar bien. Hay muchas formas de seguir a Jesús. Gracias por llamar la atención sobre este asunto con sus palabras. Patrizia, Comunicación UISG

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *