Secuestrada en Mali una Religiosa de Colombia

La UISG invita a rezar por la liberación de la Hermana Gloria Cecilia secuestrada en Mali hace 3 semanas.

Soy la hermana Clara Natalia Vera Espinosa. Tengo 37 años. Soy de Río Negro (Antioquia, Colombia) y desde hace 2 años que profesé, trabajo en Mali junto a la hermana Gloria Cecilia, que como quizás sepas, fue secuestrada el pasado 7 de febrero.
Juntas atendemos a casi 400 mujeres a las que les enseñamos a coser y las alfabetizamos.

Te cuento lo que pasó el pasado 7 en nuestra misión de Karangasso (Mali)

Siendo aproximadamente las 9:30 p.m. nos encontrábamos reunidas en la sala de recreo la hna. Gloria Cecilia, la Hna. Sofía y yo la Hna. Clara. Mientras tanto en la capilla se encontraba la Hna. Adelaida.

En estos momentos sentimos los perros ladrar en el corredor, yo salí para ver lo que ocurría. Aparecieron 4 hombres, tez negra, vestidos de civil. Tres de ellos eran jóvenes y llevaban armas de fuego. El cuarto, un poco mayor, aproximadamente unos cincuenta años, armado con un machete. Este último es el que iba adelante. Los perros quisieron atacarlo pero él se defendió utilizando el machete intentando matar uno de los perros. Yo grité ‘por favor, no nos hagan nada’. Mientras tanto las hermanas Gloria Cecilia y Sofía salieron corriendo para esconderse. La hermana Sofía salió en dirección a su cuarto y la hna. Gloria Cecilia corrió en sentido contrario hacia la cocina.

Los hombres me hicieron entrar de nuevo en la sala y me ordenaron que me sentara. En esos momentos escuché que golpeaban fuertemente una puerta. Luego me enteré que la hermana Sofía logró encerrarse en su cuarto con llave. Mientras los hombres golpeaban con violencia su puerta, ella se refugiaba debajo de la cama haciendo llamadas de auxilio, según me contó luego.
Poco después, escucho el grito de la Hna. Gloria Cecilia. Los hombres la logaron detener y la obligaron a regresar a la sala.
Ella se sentó y suplicó que no nos hicieran nada, que teníamos niños huérfanos al cuidado, que éramos misioneros, que no éramos europeas sino colombianas, que no teníamos dinero.
Fue entonces cuando nos dijeron que eran yihadistas, aunque según nos dicen del obispado de momento nadie ha reivindicado el secuestro.
En ese momento, el hombre que nos dijo que eran yihadistas nos deja al cargo de los otros que están armados y se dirige a las habitaciones. Escuchó fuertes golpes. La hna Sofía me contó luego que estaban golpeando su puerta.

Gracias a Dios no pudo derribarla, así que el hombre regresa a la sala y empaca los cuatro computadores que teníamos.
Luego comienza el siguiente ‘dialogo’ entre el señor y la hna Gloria Cecilia:

Las dos o al menos una de Uds. se vienen conmigo
Yo. Soy la más mayor.
¿Y quién es la jefa o la responsable?
Yo
¿Cuánto pagaría Ud. por ella?

Se refería a mi. La hna Gloria Cecilia no respondió…
Tras el tenso silencio el hombre ordena a uno de los otros armados que acompañaran a la hna Gloria Cecilia a traer su pasaporte. Le indica cómo debía sujetarla.
Ella vino con su cartera en la mano.
Dame el dinero
Sólo tengo el que está en la cartera (30.000 francos cefas)
¿Y dónde está la caja fuerte?
No tenemos dinero
Después el mismo hombre me ordena ir a por mi pasaporte. Igual, voy a mi habitación acompañada de un hombre armado. Tomo la cartera con mis documentos (pasaporte, cédula de ciudadanía colombiana, carnet de vacunación, etc) y regreso a la sala.
Tras quitarme mis papeles me llevan a otra habitación y me dejan vigilada por un armado.
Desde la otra habitación escucho que el hombre le pide las llaves del carro a la Hna Gloria Cecilia.
Luego escuché que salía el carro del garaje. Entonces viene el hombre que había estado dando órdenes y me dice que debo permanecer en ese cuarto por lo menos tres horas. Me encierran con llave.
Desde el cuarto siento un gran golpe como si hubieran tumbado la puerta de la entrada de la casa, luego escucho unos gritos, pero no entiendo que es lo que dicen. Finalmente sentí un tiro, que también lo escuchó la Hna Adelaida, según me contó luego.
Cuando ya se fueron logré salir de mi cuarto. Escuché que la hna. Sofía estaba hablando por teléfono. Tras varios intentos y con ayuda de un amigo, logramos abrir la puerta de Sofía. Poco después llegó la hna Adelaida y nos logramos reunir las tres. Pero nos falta nuestra Hna Gloria Cecilia.

El obispo nos ha reubicado porque teme que los hombres vuelvan a la casa. De momento, todas las actividades están paradas: el orfanato, la atención a las madres…

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