Un año de vida en Sicilia: un sueño que ya es realidad

migrantifinale1annoEl proyecto inmigrantes Sicilia de la UISG, que nació del deseo del comité ejecutivo de realizar un gesto simbólico en respuesta a la llamada del Papa Francisco, desde el pasado diciembre es ya realidad: una comunidad de diez hermanas, inserta en tres diócesis distintas -Agrigento, Caltagirone e Caltanissetta- con el compromiso de ser una presencia al lado de los inmigrantes, testimoniar en la iglesia local que es posible vivir juntas a pesar de ser de culturas, países, congregaciones y carismas distintos. Y convertirse en puente entre la comunidad local y la población inmigrante.

Durante nueve largos meses las religiosas han empleado el tiempo en construir su comunidad e introducirse discretamente, entrando de puntillas en la realidad local, escuchando, observando durante mucho tiempo, estudiando las problemáticas de la inmigración, conociendo el territorio.
Ha sido un tiempo hermoso, pero austero y costoso que ha exigido paciencia, perseverancia, atención continua a los pequeños signos de diálogo y de apertura por parte de la población del lugar y de las instituciones, y el primer contacto con los inmigrantes en la calle.

Ellas mismas son inmigrantes en tierra extranjera…

pero quizás es esta propia experiencia, vivida en primera persona, el primer paso hacia una integración real y un conocimiento más veraz de la realidad vivida por miles de hermanos y hermanas en busca de una vida más digna y humana. De hecho, son más sensibles y dispuestas al sufrimiento y al cansancio de quien se siente en tierra extranjera habiendo experimentado personalmente, en cierto sentido en su propia piel, qué significa sentirse extranjeras y huéspedes no siempre deseadas, o apenas toleradas, por algunos servicios en los que pensaban podrían inserirse.

Poco a poco las hermanas, que hoy son conocidas afectuosamente como “las religiosas del mundo”, viven compartiendo discretamente la realidad, tejiendo relaciones, creando redes, andando por la calle, al encuentro de los inmigrantes que no tienen el derecho de ser acogidos por las estructuras del Estado.
Hablar diversas lenguas facilita el contacto y a menudo permite crear relaciones gratuitas, escuchando las duras historias de las víctimas e inmigrantes que desembarcan en las costas de Sicilia.

La semilla plantada, en la fase de aprendizaje silencioso y escondido, comienza a dar fruto. Ahora se empiezan a abrir puertas también de algunas Instituciones. En las tres diócesis, las hermanas colaboran en el hospital, en la cárcel, en los Centros de Atención de Caritas. Sirven el almuerzo en los comedores sociales, donde se trabaja la integración entre los pobres locales y los extranjeros: personas que tiene necesidad de ser consideradas dignas de respeto y de consideración. Con frecuencia se llama a las religiosas para acompañar momentos de oración y de reflexión en alguna comunidad de acogida.
En Agrigento se ha permitido a las hermanas el acceso al Centro de acogida y de identificación, para dialogar con las mujeres y atender a los menores a la espera de ser reubicados.

“La mies es mucha y los operarios son pocos…” decía Jesús a sus discípulos… oremos al Señor para que mande obreros a su mies. Dos hermanas nos han dejado en el transcurso del verano, pero han llegado dos nuevas: una italiana y una procedente de Estados Unidos. Todas están unidas por la misma pasión por Dios y por la humanidad. Todas tienen años de experiencia misionera, pero solo son diez… sería estupendo que fueran 12 como los 12 apóstoles…
Deseamos que este proyecto no sea solamente uno, sino que sea estímulo para otras experiencias intercongregacionales para que juntas podamos responder al desafío que el mundo globalizado impone a la misión hoy.

Sr. Elisabetta Flick, sa

Leer más sobre el proyecto

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *