South Sudan ya no es noticia

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South Sudan ya no es noticia; el país más joven del mundo –el 9 de julio cumplió 5 años- apareció fugazmente en los medios no porque celebraba su quinto aniversario, sino porque la violencia en la capital rebrotaba con más muertes, refugiados, desplazados y hambre.
Sabía de la fragilidad de su paz, de la inestabilidad permanente… pero el estado deteriorado de sus poquísimas infraestructuras, sin carreteras ni medios de comunicación, sin agua corriente, sin electricidad, sin servicios básicos, sin casas, sin nada de lo que llamamos mínimo para vivir, es lo que golpeó mi corazón. Hasta que no oí los primeros disparos “el rumor de la guerra” permanecía dormido, desconocido para mí.

Era la primera vez que iba a África. South Sudan es un país rico, una tierra con abundantes recursos que es necesario trabajar. Mi primera impresión al llegar fue la de encontrarme con mucha gente y movimiento en la calle, gente que vivía habituada a la pobreza, aunque para ser exactos debería decir miseria. Desde la habitación oía el parloteo de los niños en la calle, sus risas; aunque deberían estar en la escuela, estaban jugando; desde la salida del sol hasta el ocaso eran la música de fondo de vez en cuando interrumpida por la oración que se alzaba potente desde la mezquita.
África me ofrecía sus sonidos distintos y sus olores intensos, un mensaje nuevo pero que no se me hizo nada extraño. Quería conocer, acercarme, implicarme con su gente, estaba abierta a lo que fuera aunque ni por un momento imaginé lo que se estaba gestando…

Las comunidades de Solidarity with South Sudan son un oasis para la población, posibilidad de aprender, de realizar un trabajo digno, de poder alimentar a su familia… Actualmente hay cuatro comunidades: en Wau, Yambio, Riimenze y Juba, la quinta en Malakal fue destruida y, como tantos de sus habitantes, la comunidad tuvo que abandonar una obra que tanto había costado levantar.

Tuve la oportunidad de conocer Riimenze donde Solidarity Farm se extiende como un paraíso de paz, trabajo e integración. La comunidad atiende a la población dispersa por el frondoso bosque; las familias reunidas en pequeños poblados viven en sus frágiles chozas. En Solidarity Farm aprenden y trabajan, obtienen un humilde salario, reciben atención sanitaria básica, y formación elemental sobre higiene y atención a la familia.
Esta misma sensación tuve en Yambio: Solidarity Training Teacher Centre era para esos jóvenes un regalo y una responsabilidad: una esperanza de futuro para este país.
Juba alberga la dirección del proyecto y se dedica principalmente a la pastoral y servicio de formación y asesoramiento en la Diócesis. A partir de la tarde del 8 de julio los disparos pronto se hicieron más o menos habituales. En un principio no me atrevía a creer que eran disparos, ¿no era mejor imaginar que fueran petardos? Corrimos hasta casa, no teníamos ni idea de lo que pasaba… pero la gente corría y ellos sí que saben. Las noticias nos revelaron la violencia que se había desatado en el centro de la ciudad –cerca de donde estábamos ubicadas- el número de muertos todavía no podía precisarse.SSS 2016 (12)

A partir de entonces, recluidas en casa las noticias iban llegando: aeropuerto cerrado, vuelos cancelados, y disparos, cada vez más. El lunes 11 de julio por la tarde fue realmente duro, los disparos eran seguidos, fuertes, en nuestra puerta, la artillería pesada… no era un sueño, la guerra estaba debatiéndose a pocos metros. Por primera vez sentí la fragilidad de sus gentes pero también de todos los que por una razón u otra estaban en este país, nada era seguro y nadie nos aseguraba nada. La guerra no distingue tribus, razas, religiones… ¿Miedo? No sé qué era, una parálisis, no poder pensar, ni creer lo que estaba ocurriendo… pero por primera vez me sentí insegura, nada dependía de mí… A pesar de todo, confiaba…
Tras el caos, con el anunciado “alto el fuego”, el martes la ciudad quería volver a una cierta normalidad; pero es solo aparente, hay como recelo de todo y de todo el mundo. Eran las 14,00 h y el aeropuerto bullía de gente de otras nacionalidades que abandonaba South Sudan; voluntarios, trabajadores…. que sintieron la muerte en su cuerpo.
Nosotras nos fuimos porque en realidad estábamos de visita y esta había finalizado… pero no se puede trabajar, construir, colaborar si no hay paz. El desarrollo y la ayuda de muchas asociaciones son destruidas en cuestión de minutos.

Pero la gente pasa hambre; maestros, soldados, y tantos otros, hace meses que no reciben sus sueldos… la cultura de la paz no existe, en realidad no saben que es la paz, no la conocen.
Las familias de nuestra calle seguirán allí, habituados a la miseria, y sin esperanza de cambios. La vida sigue para todos, es su tierra, ¿a dónde ir?
South Sudan ha cumplido cinco años. En el aeropuerto había una pancarta que anunciaba el día de celebración. ¿Es ironía? La gente dice que no tiene nada que celebrar, el país está sumido en la miseria… peor que antes; las luchas entre las tribus siguen allí, la lucha por el poder, la corrupción, la miseria describe la situación actual de este país.
Los medios de comunicación poco han dicho porque los conflictos esporádicos no han cesado desde el año 2013, ya es habitual, ya no es noticia. Seguro que sería lo mismo que otras veces… pasaría pronto… Esta vez ha sido intenso y duro, ha puesto de manifiesto que las promesas de paz son palabras, que los líderes no lideran, no controlan, que la guerra pronto se enciende y destruye, que hay que vivir en estado de vigilia, en continua alerta… y que el despliegue militar vivido en la ciudad no fue puntal, se extendió de forma violenta por su territorio, que los disparos no distinguen si son de otra tribu, si son sudaneses, si son blancos, voluntarios, religiosos, occidentales… Ha puesto de manifiesto que la obra de Naciones Unidas debe reforzarse, que deben tomarse medidas más severas; la crisis económica del país es cierta pero todos consiguen armas, ¿de dónde? La corrupción está dentro y fuera, ellos son los primeros responsables, pero no podemos lavarnos las manos… ¿Les proporcionamos los instrumentos de guerra aunque sea sutilmente?

SSS 2016 (4)La Iglesia alza su voz en medio de estos acontecimientos de muerte; de hecho la Iglesia trabaja por la reconstrucción y por caminos de encuentro, pero me imagino que no es fácil.

En cuanto a las religiosas debo decir que las comunidades de Solidarity son un ejemplo de entereza y entrega a los demás admirable. Son de todo el mundo, y ahí están, y allí permanecen también en las dificultades. Su misión principal es la formación de maestros, enfermeros, granjeros… gente que tenga conocimientos para ayudar al desarrollo de su país. También ayudan en los programas de superación de los traumas causados por la guerra.
Personalmente me quedo con todas esta personas que muy anónimamente dan su vida a la gente de South Sudan. Parece que no hacen nada, es poco ante tanta necesidad, pero algunos afortunados -los que las conocen- encuentran una semilla de esperanza, de desarrollo, de autoestima… de camino hacia Dios.

Visiten la página web del Proyecto Solidarity with South Sudan

Hna. Anna Sánchez Boira, MN

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